domingo, 27 de noviembre de 2011

Fábrica de Ropa para Damas "LOLYTA"


Tengo pocos datos sobre el negocio,sin embargo siempre me llamó la atención el logotipo de estilo "Art Deco" un tanto tardío en la parte superior del edificio, y que me vino a la mente al encontrar este dibujo publicitario en una publicación de 1946.
Construcción que junto con muchas otras de la zona, valdría la pena tomar en cuenta para una regeneración del centro de Monterrey.

Algunos datos tomados del libro:
De Juan Manuel Casas y Víctor Cavazos.

"...Guadalupe Guzmán T. (5 de mayo de 1901 - 13 de agosto de 1981)
Empresario fundador de la fábrica de ropa Lolyta. Esta firma comenzó a fabricar trajes y abrigos para dama desde 1928; estuvo instalada originalmente en la planta baja del Hotel Terminal (sobre la avenida Colón). En 1933 cambió su domicilio a la acera sur de la misma avenido Colón, cerca de José María Pino Suárez.
En 1946 se inaguró el nuevo edificio de la Fábrica Lolyta, existente aún en la esquina suroriente de las calles Reforma y Emilio Carranza..."
Consignan también los historiadores, los nombres de su esposa e hijo, Rafaela Garza (1928-1989) y Guadalupe Guzmán (22 de Enero de 1948 - 16 de Abril de 1986).

miércoles, 23 de noviembre de 2011

El Antiguo Hipódromo de Monterrey

Son poco conocidos datos precisos sobre el antiguo hipódromo de la ciudad de Monterrey. Este texto publicado en 1946, nos da algunos datos importantes sobre su ubicación y relevancia en aquella época. No recuerdo haber visto imágenes de las instalaciones (*1), a pesar de que debe haber tenido gran relevancia en algunos eventos y celebraciones de aquellos años. Tampoco pude localizar su ubicación en lo mapas de Monterrey de principios del siglo XX.

Hasta donde sé, no se volvió a intentar la construcción de una instalación para esos fines, hasta que recientemente se empezó la edificación de un nuevo hipódromo por el rumbo de Santa Catarina, mismo que según entiendo hasta estas fechas (2011), se encuentra detenido en sus obras.

Transcribo a continuación el texto de 1946:

Carrera de Caballos frente a la tribuna.
Por Edgar Degas, c1874

El Hipódromo

Monterrey tuvo en donde ahora (1946) están los edificios de la vidriera, un gran hipódromo que medía 300 varas de largo (251.40 metros) por 250 varas (209.40 metros) de ancho. Permitía cómodamente a 1,500 espectadores en sus barreras y tribunas, teniendo también departamentos para oficinas y gente de servicio. Su forma era paralelográmica y contaba también con caballerizas, kiosco, pista y servicios de restaurante y cantina, ocupando un área total de 600 varas (503 metros) por cada lado de terreno.
Este hipódromo fue construido por el Club Atlético Monterrey e inaugurado el 4 de julio de 1895 con un programa de eventos deportivos teniendo como base principal algunas sonadas carreras de caballos.
El hipódromo estuvo en uso hasta 1910 pero durante el período revolucionario del maderismo y del carrancismo, desapareció. En el hipódromo se celebraron diversas clases de deportes, pues aparte de las carreras de caballos a que estaba destinado, sirvió también para juegos de baseball, fútbol, carreras de bicicletas, de automóviles y en general para todos los deportes conocidos en ese tiempo. En ocasiones se organizaron grandes carreras de caballos, con apuestas, en las que figuraban famosos equinos de Coahuila, Tamaulipas, San Luís Potosí y otros estados de la república, no faltando los de la capital de México y algunos norteamericanos. Entre los caballos de carrera neoleoneses que muchos se distinguieron, figuró principalmente uno llamado “El Rey Dormido”, propiedad de un señor de apellido Álvarez. 

Obras para un nuevo hipódromo en Santa Catarina
(suspendidas)


Actualización, 24 de Julio del 2012.
*1 En el semario Zig-Zag, del año 1913, aparece la siguiente fotografía.
Al pie de la foto, leemos lo siguiente:
Aspecto de las Tribunas del Hipódromo Monterrey en la fiesta Hípico-Deportiva (Fot. Sandoval).



miércoles, 9 de noviembre de 2011

Imágenes de Monterrey, en la colección digitalizada de la Southern Methodist University en Dallas. Segunda parte.

En esta segunda parte incluyo la liga y un breve comentario a las vistas estereoscópicas; pero antes quiero hacer una corta explicación sobre el sistema y sobre los autores o editores en particular de estas vistas.

El sistema estereoscópico

La fotografía estereoscópica tradicional, consiste en crear la ilusión de tercera dimensión a partir de un par de imágenes en dos dimensiones, ésto es, el llamado estereograma. La forma más sencilla de mejorar la percepción de la profundidad en el cerebro, es proveyendo a los ojos de un visor con dos imágenes diferentes, representando cada una de ellas, dos perspectivas del mismo objeto, con una mínima desviación con una equivalencia exacta a la perspectiva que tienen ambos ojos en la natural visión binocular.
Fuente: Wikipedia. Estereoscopia.


Estereoscopio
Siglo XIX

Los autores
Alberto Fahrenberg:

“…Lo anterior no significa que no hubiera fotografía exterior, sino que no era común. Durante la década de 1860 la región fue retratada repetidamente y sus imágenes vendidas como vistas. Tenemos referencias de que los fotógrafos Alberto Fahrenberg y Cayetano Izquierdo tomaron fotografías de la ciudad de Monterrey y sus alrededores, imágenes que incluso llegaron a distribuirse en los Estados Unidos de América en el formato de Carta de Visita. Ambos fotógrafos llegaron a ofrecer también, “vistas estereoscópicas de lo más notable de Monterrey y sus cercanías…”

En Octubre de 1863, anunciándose a sí mismo como “Alberto Fahrenberg”, apareció como fotógrafo en Monterrey, la capital del estado de Nuevo León, en México. Ofrecía en sus servicios vistas estereoscópicas y estereográficas de Monterrey. En Enero 1 de 1865,  anunció la apertura de su estudio de retratos en el número 94 de la calle de Doctor Mier, donde ponía a disposición de su clientela, ambrotipos al precio de dos pesos. Por veinticinco pesos, uno podría comprar una fotografía “pintada e iluminada”. Las vistas de Fahrenberg de Monterrey, tanto estereográficas como en formato de Carta de Visita, obtuvieron una amplia distribución en México y en los Estados Unidos. En abril de1869, el “Humphrey’s Journal” agradecía a… “Alberto Fahrenberg, un suscriptor durante siete años, residente en Monterrey México, por una gran cantidad de maravillosas vistas estereoscópicas tomadas  dentro y en los alrededores de Monterrey, de las cuales uno puede darse una idea de la tan “celebre ciudad”. Tenemos muchas vistas de las de las calles y de los edificios públicos; de montañas y valles; de grandes operaciones mineras, y numerosas vistas de población heterogénea”.
Fahrenberg señalaba, que éstas eran algunas de las primeras estereografías que él producía. Existe evidencia de que Fahrenberg pudieras haber sido también fotógrafo en la ciudad de Mérida, Yucatán en México, durante cierto período.

Keystone View Company:

La Keystone View Company fue la mayor distribuidora de imágenes estereográficas y estuvo localizada en Meadvilla, Pennslvania. De 1892 a 1963, la Keystone produjo y distribuyó estereovistas tanto educacionales, como cómicas/sentimentales, y aparatos estereoscópicos. Para 1905, era la compañía de productos estereográficos más grande del mundo.

* Iglesia, Monterrey. (Antigua capilla de la Purísima). Alberto Fahrenberg, Artista y Fotógrafo . Fecha. 1868. Vista de la primitiva capilla. Aún no se aprecia el trazo de la placita De la Llave (Purísima). La puerta principal obstruida por un conjunto de ramas. Una solitaria figura de una fantasmagórica mujer de negro se acerca al templo por uno de sus accesos laterales.

* Hotel de San Fernando, Monterrey, México. Alberto Fahrenberg, Artista y Fotógrafo. Fecha 1868. Toma del interesante edificio de arquitectura “criolla” con influencia de Nueva Orleáns, el único que existió en la ciudad, y que desafortunadamente desapareció en un incendio en 1879. Sede del actual Hotel Colonial y punto obligado durante muchas décadas de arribo y salida de carruajes y diligencias. La plaza Hidalgo pasaría desapercibida a no ser por la presencia de un triste farol. En los bajos del edificio, se aprecia ya un negocio establecido, una sombrerería.

* Vista posterior del Palacio Municipal, Monterrey, México. Alberto Fahrenberg, Artista y Fotógrafo. Fecha 1868. De entre las sorprendentes imágenes de la colección, creo que ésta se lleva las palmas. Fahrenberg, a diferencia de los innumerables fotógrafos que lo plasmaron en sus tomas, tuvo la ocurrencia de captar la parte posterior del palacio y con ello nos  ha regalado una verdadera joya documental para la posteridad. El remate de la crestería en la parte posterior, no sólo resulta interesante por su elaboración, sino incluso denota  aún cierta tosquedad que se habrían de refinar más adelante. Aparecen las miserables carpas de lo que debió haber sido en aquellos años el mercadillo de la plaza Hidalgo. Una casona que ocupaba el predio del actual edificio del Casino se aprecia al fondo de la imagen. La pendiente central en la calle empedrada nos recuerda la forma primitiva que tenían las avenidas para conducir toda clase de residuos, tanto líquidos como sólidos. Una imagen que vale la pena escudriñar a detalle.

* Cerro de la Silla, Monterrey, México. Alberto Fahrenberg, Artista y Fotógrafo. Fecha 1868. Procesando un poco la imagen se alcanzan a percibir algunas cosas interesantes: La torre de la Casa del Mirador, no hace mucho habitada por Juárez. Las grandes parcelas al pie del cerro del Obispado. Lo que sería la avenida Padre Mier, llegando ya hasta las faldas de la loma.

* Campo de Batalla, mirando a Monterrey. Por Singley, B. L. para la Keystone View Company. c. 1900. Habían transcurrido cincuenta años de la Batalla de Monterrey y es probable que a algunos norteamericanos, el nombre de la ciudad aún les evocara recuerdos de notas épicas que habían tenido gran difusión en la prensa norteamericana de algunos años atrás. Llaman la atención los cañones tirados en derredor de la Loma y que según parece, permanecieron ahí abandonados por lo menos otras tres décadas. 

* Campo Santa (sic) Panteón de Monterrey. Alberto Fahrenberg, Artista y Fotógrafo. Fecha 1868. La foto desde la loma hacia los viejos panteones (hoy escuela Venustiano Carranza), hubiera sido aún más interesante a no ser por la distancia y las limitaciones de la técnica fotográfica en esa época.

* Casa Municipal (Palacio) Monterrey. Alberto Fahrenberg, Artista y Fotógrafo. Fecha 1868. Vista de frente del antiguo Palacio Municipal. Se aprecian rastros del mercado que se instalaba en los bajos del palacio. Salvo una silueta borrosa, ni un alma está presente sobre la desolada plaza Zaragoza. El mobiliario urbano de la época; sofás de sillar y lámparas de petróleo.

* Ruinas del Palacio del Obispo. Destruido por el general Taylor en 1846. Monterrey, México. En realidad el general Worth al mando de Taylor tomó el Palacio con sus tropas y solo contribuyó a dañarlo más de lo que ya estaba, pero para efecto de ventas entre el público americano conocer el sitio de la épica batalla debe de haber resultado muy atractivo. Sobre los dinteles de las puertas del edificio parecen apreciarse las leyendas “Cuarto de Batalla” y “Comandancia”.

Imágenes de Monterrey, en la colección digitalizada de la Southern Methodist University en Dallas. Primera parte.

Extraordinarias imágenes de Monterrey aparecen por cortesía de la SMU, dentro de sus colecciones digitales. Aunque no representan en sí un gran número, después de algunos años de estar revisando fotos antiguas de la ciudad, me da la impresión de que éstas en particular han tenido poca difusión, o son de plano desconocidas en nuestro medio.

Como las cuestiones de derechos de reproducción son en este caso muy claras, no pondré las gráficas en el cuerpo de la entrada, sin embargo; eso no me impide hacer una breve descripción sobre las mismas y poner la liga directa por si alguien quisiera conocer a detalle las imágenes en cuestión. Para tal efecto he dividido la entrada en dos partes: imágenes fotográficas, que pudieran ser postales, tarjetas de “visita”, o algún otro tipo de reproducción, e imágenes estereoscópicas, que como explico más adelante, fueron realizadas para ser observadas en el sistema creado a propósito.

Quiero añadir que resulta una gran ventaja que hayan acompañado a las imágenes de un “Zoom” digital, que siempre ayuda a escudriñar los detalles que en ocasiones pasan inadvertidos en las impresiones físicas de estos documentos.


Imágenes fotográficas

* Grupo de personas reunidas en la casa de baños del Topo Chico. Por Thomas J. Cockrell, 1890-1895. Probablemente de todo el grupo, es la única fotografía que había visto previamente. Me llamaron la atención en particular: la aparente mezcla de clases sociales entre la concurrencia, si nos hemos de guiar por sus atuendos, el interesantísimo reloj de sol sobre la cumbrera del techo de los baños, y la condición un tanto modesta y hasta primitiva de las instalaciones, que ya desde esa época era señalada en algunas crónicas de viajeros extranjeros que hicieron uso de los baños.

* Paisaje en el Topo Chico, México. Por Thomas J. Cockrell, 1890-1895. La toma no resulta muy esclarecedora, sin embargo sirve para darse cuenta de lo virgen que resultaba en aquel entonces el área que rodeaba a los baños termales.

* Hombre con corbata de moño (Monterrey). Por Alberto Fahrenberg, c.1860. Desafortunadamente la “tarjeta de visita” no viene acompañada del nombre del personaje, sin embargo, tanto por la autoría del retrato como por su fecha, resulta una imagen muy interesante.

* Basílica Lateranense, Iglesia del Roble. A. Lagrange y Hermano, C. 1885-1890. La presencia mayoritariamente masculina en los exteriores del templo, parece confirmar lo que señalan algunos historiadores, cuando antes de la existencia del anticlericalismo oficial, los templos y sus ceremonias eran atendidos primordialmente por mujeres. Al fondo aparece la histórica “Botica del Carmen”, que en 1917 fue adquirida por Felipe de Jesús Benavides Guerra, y en donde, desde esa modesta esquina, arrancará el emporio farmacéutico que lleva aún su apellido. Un acercamiento a la entonces llamada calle de Santa Lucía (hoy 15 de Mayo), nos recuerda de las condiciones primitivas del equipamiento urbano de la época (calles sin pavimentar, tranvías de mulitas, banquetas irregulares de piedra laja, faroles de aceite, toscos sofás de sillar etc.). Desconozco porque en las descripciones de aquel entones, a la basílica se le denomina como “Lateranense”.

* Calle del comercio (Monterrey). A. Lagrange y Hermano. c. 1885-1890. Una toma excepcional de la antigua calle del Comercio, hoy Morelos, desde Zaragoza hacia al Poniente. Al margen de explorar más a detalle con el Zoom digital, vale la pena mencionar el estado de la calle: Aún no arribaban las técnicas de pavimentación: ni adoquines, ni macadamizado. Salvo el solitario poste que encauza el cableado hacia la oficina del Telégrafo del Ferrocarril Nacional Mexicano, aún no existe la maraña de cables e instalaciones que caracterizaran el panorama urbano a principios del siglo XX. El jaspeado del material, en el recubrimiento de la construcción a la izquierda inmediata, me resultó particularmente interesante.

* Colegio Civil. A. Lagrange y Hermano. c. 1885-1890. Aparece un Colegio Civil a medias, con las pilastras incompletas en la segunda planta, y las basas de una columnata que más tarde fueron retiradas. De nuevo; calles sin pavimentar, y un intento de arborización bastante modesto. Ni siquiera pasan aún las vías del tranvía de mulitas frente al colegio. Interesante descubrir un páramo desolado al norte de la calle del colegio.

* Monterrey, México. Cerro de la silla. Waite, C. B. (Charles Burlingame) .1907. Tal vez lo más interesante, de la muy conocida escena desde el obispado, sea recorrer con el acercamiento la configuración urbana de la zona: La torre del mirador, la zona de la Purísima con su capilla, los huertos al pie del cerro, el cauce irregular del Santa Catarina, etc.

* Costado del Palacio Municipal. A. Lagrange y Hermano. c. 1885-1890. Cuando vi esta fotografía, comprendí porqué en algunas descripciones antiguas, el pequeño templo de San Francisco era elogiado con tanto entusiasmo. Es verdad que sus dimensiones y ornamentación eran notablemente modestas, pero me da la impresión de que su emplazamiento, al fondo de la calle principal, le otorgaba un cierto aire de dignidad al conjunto. Si a eso le aunamos las valiosas obras que se dice contenía en su interior, el asunto pareciera quedar aún más claro.  La bruma matinal, los edificios, los personajes, en la calle, incluso el farol esquinero, todo contribuye a lo singular del conjunto. El predio que llegaría a ocupar años más tarde el Condominio Acero, era ocupado por un modesto negocio que anunciaba actividades en “Real State and Live Stock”.

* Costado del Parián. A. Lagrange y Hermano. c.1885-1890. La imagen parece captada, si no me equivoco, desde la calle de Bolívar, (hoy Padre Mier), teniendo al fondo la aún estrecha calle del Roble (hoy Juárez). El Parián aparece aún incompleto. Llaman la atención los tres pisos del “Hotel de Leader”, con unos tímpanos ornamentados de forma muy peculiar. Al fondo, por lo que debió de ser la calle del Comercio, apenas se alcanza a distinguir el negocio “La Constancia”, la fábrica de cerillos de Pedro P. Quintanilla. Huacales, frutas, modestas carpas y desde luego interesantes personajes, da por resultado una escena bastante animada.

* Plaza de Zaragoza. A. Lagrange y Hermano. c. 1885-1890. Una toma habitual, captada desde lo alto de Catedral.

* Plaza Hidalgo, Monterrey. Waite, C. B. (Charles Burlingame) 1904. Una imagen de Waite bastante conocida. El acercamiento en este caso, permite explorar los detalles de la plaza.

* Teatro y calle de ídem. A. Lagrange y Hermano. c. 1885-1890. Toma de la actual calle de Escobedo, desde Matamoros hacia el sur. Por la posición del sol, se puede especular que se trata de las últimas horas del atardecer. Con la escasez de peatones en la escena podemos suponer también, que fuera algún fin de semana con poca actividad. Sólo de la cantina “El Fénix” surge un nutrido grupo de parroquianos para inmortalizarse en la toma.

c. 1896-1913. Parece tratarse de otra toma más desde el Obispado, hasta que uno repara en los detalles al pie de a loma. Curioso ver los plantíos y lo modesto de las chozas, en donde más tarde se asentarían las familias con las fincas más opulentas de la ciudad.

viernes, 4 de noviembre de 2011

El gallo del polvorín

La historia que transcribo me llamó la atención, tanto por la dosis de ingenuidad de su narrativa, que en detrimento de la memoria de la víctima termina ensalzando a un gallo como personaje principal del percance, como por el impacto que debió de tener el evento en el Monterrey provinciano de principios del siglo XX.

La explosión del polvorín

A las once y diez minutos del día 18 de septiembre de 1908, la ciudad de Monterrey sufrió una sacudida trepidante que se reflejó en un considerable espacio de terreno, afectando principalmente la zona comercial más antigua y notable; pues la mayoría de las casas mercantiles de las calles de Hidalgo, Morelos, Padre Mier, Zaragoza y hasta el Palacio de Gobierno del Estado, registraron multitud de quebraduras en las vidrieras de sus escaparates y ventanas.

Sincronizada con la sacudida, se escuchó una horrenda detonación como apenas pudieron hacerlo mil cañones de grueso calibre disparando al mismo tiempo, y en seguida de todo eso, una inmensa cantidad de tierra pulverizada y piedras chicas y grandes empezaron a caer invadiendo calles, plazas y azoteas, con la consiguiente alarma y el tremendo susto de las gentes; no sin que dejaran de resultar muchos descalabrados.

La cosa no era para menos. Un polvorín de propiedad de la Casa Sanford y Cía., situado al sur de la ciudad, cerca del predio que ocupa la “Ladrillera Monterrey”, al poniente de ésta, y que por aquél entonces estaba despoblado, había hecho explosión teniendo una gran cantidad de dinamita, cantidad que según rumores no confirmados, ascendía a sesenta toneladas.

Casa Sanford, oficinas de la empresa en la calle de Padre Mier
Sea lo que fuere, al investigarse el caso, se vino a probar que en el lugar donde estaba el polvorín había quedado un grandísimo boquete en la tierra; que el carrero José García, su carro y su mula desaparecieron sin dejar más rastro que unos pequeños trozos del rabo y de las orejas del animal, y que una casita situada como a ciento cincuenta metros distante del polvorín, en la que vivían el guardián y su esposa, quedó barrida; por fortuna, sin daño personal para sus moradores porque en los momentos de la explosión no estaban ahí.

La causa exacta del siniestro pertenece al misterio, pero se infiere que el carrero José García, encargado del movimiento de los explosivos; ya se porque cometiera la imprudencia de fumar en lugar tan peligroso, porque se le cayera alguna caja con fulminantes o porque chocara una con otra, provocó la catástrofe, pagando con su vida cualquiera imprevisión que hubiere tenido.

A pesar de lo espantoso del caso, hubo un incidente chusco que se apoderó de la curiosidad popular por lo raro y extraño, rayano en lo increíble, tanto, que bien merece figurar entre las más absurdas cosas que difunde Ripley, y aún las aventaja.

Ello fue, que un gallo perteneciente al guardián del polvorín y que con sus gallinas andaba en la zona de la explosión, fuera el único ser que quedara con vida después de haber estado en el centro del siniestro, sólo que el pobre animalito quedó sin una sola pluma en su maltrecho cuerpo. De sus compañeras las gallinas nada quedó, y era de ver la chusca figura que presentaba aquel pobre animalito en cueros vivos; aseguran algunas personas que vieron al gallo de referencia, cantando como si tal cosa.

Es de aceptar como cierta esta versión, pues el ovíparo ese, pasó a ocupar el puesto en la inmortalidad, con el remoquete de “El Gallo del Polvorín”, pues recibió los honores de que le compusieran y cantaran “corridos” y hasta se asegura que la gaya, docta y filosófica pluma de nuestro gran pensador Lic. Don Alfonso Reyes le dedicara un folleto alusivo perpetuando su recuerdo, sin perjuicio de que el pobrecito gallo haya corrido la triste suerte de terminar sus días en alguna vulgar cazuela, después de recorrer gloriosa  triunfalmente tan espantable sucesos, como fue la explosión del polvorín, aquí someramente relatada.



Fuente: Álbum de aniversario de la fundación de Monterrey, N.L.
1596-1496.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Las antiguas Morismas Regiomontanas.

Se señala el año de 1762 como el último de una fiesta con mucha similitud a las famosas celebraciones de Moros y Cristianos en todo el mundo de habla hispana, y que tenía como sede al Monterrey de los tiempos de la colonia.
La descripción la he tomado de un artículo sin firma de autor, editado en una publicación  para celebrar el aniversario 350º de la fundación de la ciudad el año de 1946;  detalla algunos datos muy interesantes sobre el desaparecido evento, que nos remiten en gran medida a las aún perdurables celebraciones de la Morisma de Bracho en Zacatecas, las cuales por cierto, serían más recientes (c.1830), que esta arcaica celebración regiomontana, perdida por completo en las tinieblas del tiempo.


Fiestas del GRAN TURCO

"...Esta curiosa fiesta estuvo efectuándose durante muchos años en España y sus colonias, desde la época de la conquista, hasta mediados del siglo XVII, en que empezó su decadencia.
Consistía en una procesión que se verificaba por las calles de los pueblos, en la que intervenían moros y cristianos; para ellos se organizaban dos bandos: El de los moros, encabezados por el "Gran Turco" a quien seguía la morisma, y el de los cristianos, encabezados por el emblema de la Cruz.
El "Gran Turco" estaba representado por un individuo lujosamente ataviado al estilo moro con fez turbante (gorro hecho de tiras de tela enrolladas en la cabeza) y albornoz (capa grande con capucha), con arreos de montar muy vistosos. El individuo que hacía de "Gran Turco", recorría las calles montando un hermoso caballo, y le seguían sus moros lanzando alaridos y disparando cohetes y tiros. Los cristianos seguían al "Gran Turco" y sus moros, lanzándoles injurias, y hasta piedras, acabando la procesión por simular que el "Gran Turco" y sus moros salían derrotados y muy contritamente entraban a la iglesia para convertirse y ser bautizados.
Estas fiestas eran muy costosas y en algunas ocasiones acabaron en verdaderos zafarranchos entre cristianos y moros, con muertos y heridos de verdad.
Aquí en Monterrey, una de las últimas fiestas del "Gran Turco", tuvo lugar el año de 1762, tanto porque fue un año de pobreza, como porque ninguno de los vecinos quería tomar el papel de "Gran Turco" en atención al alto costo de las vestimentas, a los gastos que demandaba su misión de varios días y a las injurias y vejaciones que era obligatorio recibir. Sin embargo puede tenerse como seguro, que las fiesta de referencia son de las que ayudaron al fomento mercantil en la zona principal de la ciudad como ya se ha dicho en reseñas anteriores..."

Fuente: Álbum de aniversario de la fundación de Monterrey, N.L.
1596-1496.