domingo, 3 de julio de 2011

Silla de fabricación regional, siglo XIX.

Esta silla fue recuperada hace aproximadamente 30 ó 40 años, por algunos parientes que recorrían una casa que fue abandonada por la familia desde los años de 1930-1935, y ubicada en el municipio de Lampazos, Nuevo León. Menciono lo anterior porque eso me permite suponer que la silla habría sido construida hacia finales del siglo XIX, tomando en cuenta su burda terminación y las características de su ensamblaje. He visto algunas facturas de comerciantes de Lampazos y ya para principios del siglo XX, se manejaban muebles convencionales de línea (v.gr.Austriacos)

En el primer par de imágenes aparece la silla mencionada por el frente y la parte posterior. No soy ni lejanamente un experto en la materia, pero la silla es muy ligera, y alguien me sugirió en alguna ocasión, que pudiera estar fabricada con madera de Sabino. El asiento es de cuero, desconozco de que animal, pero está en muy buenas condiciones a pesar de que presenta viejos cortes y mucho desgaste por el uso. A pesar de lo primitivo del tallado y corte de la madera, llama la atención el hecho de que se hayan dado el tiempo para ornamentar un poco las tablas del respaldo.
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En las siguientes fotos se aprecian dos acercamientos al ya mencionado asiento. Aquí lo más notable, es el perfecto estado en que siguen manteniendo los amarres hechos por la parte inferior, con el mismo material del asiento. Lo poco ordenado de su disposición, no le han quitado nada de solidez al peculiar atado de piel.
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Por último, aparecen dos imágenes con detalles de los ensambles. Como se puede apreciar, las uniones se hacían con una especie de taquetes rústicos. Da la impresión de que no se usó pegamento en ninguna parte de la silla, y dudo que hubiera manera de conseguir resistol blanco en esos años.
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El único libro que recuerdo tratando el tema del mobiliario regional, es el de "Muebles y utensilios de la región noreste" por el profesor Fernando Garza Quiroz, publicado por la UANL en 1990.

viernes, 1 de julio de 2011

Carta de Daniel Harvey Hill, Saltillo, noviembre de 1846.

Hace tiempo me encontré esta carta de Daniel Harvey Hill uno de los norteamericanos que estuvo presente en la Batalla de Monterrey el año de 1846. Hombre educado, cuñado del legendario general confederado Stonewall Jackson, da sus impresiones en esta carta a William Latta, sobre los recientes acontecimientos sucedidos en el campo de batalla.

Daniel Harvey Hill
 De Daniel Harvey Hill para William Latta
Saltillo, México, 19 de Noviembre de 1846.
Carta autógrafa de 4 páginas.
Saltillo, México.
Noviembre 18 de 1846.

Querido amigo:

Tuve la intención de escribirte hace algún tiempo, pero descuidé el hacerlo por mera indolencia. Estoy ahora decidido a corregir mi negligencia, aunque estoy titiritando de frío y con los dedos tan entumidos, que difícilmente sostienen la pluma. No te voy a inquietar con detalles de las batallas, considerando que sin duda las habrás tenido “ad nauseam” en todos los periódicos. Sin embargo, no vacilo en asegurarte, que por mucho que hayas leído sobre las operaciones alrededor de Monterrey,  no habrás visto tan sólo una palabra que te diga la verdad. Todas las declaraciones que han sido publicadas, tanto oficiales como privadas, son vergonzosamente inexactas, y de todas ellas, la más incorrecta sea posiblemente el reporte del mismísimo General Taylor. Y no es que el viejo y honesto oficial pretenda ser parcial, pero la escala de las operaciones fue tan extensa, que era imposible para él, hacer una inspección personal de cada cosa, y por lo tanto, tuvo que confiarse a las declaraciones interesadas de otros. 

Mis fantasías juveniles en lo que respecta al campo de batalla, han sido tristemente alteradas a últimas fechas. Siempre me imaginé a mi mismo en una extensa planicie, cubierta de combatientes en coloridos uniformes, con pendones ondeantes, música tocando, brillantes armaduras refulgiendo bajo los rayos del sol, etc., muy por el contrario; tuvimos que vadear profundas corrientes, subir altas montañas y realizar cargas contra baterías fortificadas, sin ningún otra melodía, que el concierto de cañonazos, y sin ninguna otra bandera, que nuestra ropa rasgada flotando contra el viento. Y luego, tras que ganamos la batalla, tuvimos que permanecer recostados junto a los muertos y moribundos, en la humedad y el frío, sin ningún alimento, fuego o cobertor. Durante los cuatro días del asedio, y a pesar de que nuestra división se enfrascó en la lucha con constancia y empeño, obtuvimos tan sólo una ración por día, y he escuchado de algunos que comieron tan sólo unos elotes verdes obtenidos de los campos de cultivo de los mexicanos, esto durante los días más intensos de actividad.

Y después vienen los autoelogios, las mentiras que son contadas para demeritar a tal personaje y exaltar a algún otro, las triquiñuelas miserables y las intrigas para ganar notoriedad en los periódicos. Existían algunos corresponsales en nuestro campamento, y puedo decir, que ni siquiera un autócrata Ruso pudo tener un grupo más leal y afectuoso de aduladores, que el de estos despreciables escritorzuelos.

Los envíos del corresponsal del “Picayune”, han sido copiados en nueve de cada diez periódicos de la Unión, y es fecha que el ingenio humano no ha podido inventar una capa más espesa de falsedades. Los escritorzuelos han exaltado la nobleza de hombres que han salido huyendo de los cañones mexicanos, como bestias frente a un látigo. Sin embargo creo que todos admiten, que nuestra división ha visto acción intensa, y esto con pérdidas muy leves. Pero renuentes a que la Academia Militar se vea elevada en la estimación de la gente, con motivo del buen juicio en que se condujeron nuestras operaciones, han hecho esfuerzos denodados para que se le adjudique todo el crédito a Worth.

La verdadera razón del éxito de Worth, y del fracaso de Taylor, fue que el “Señor W” prácticamente sólo tuvo tropas regulares, mientras el “señor T” se quedó solamente con un montón de cobardes e ignorantes voluntarios.

En los últimos días hemos anexado otro gran Departamento al territorio previamente conquistado, la capital de Coahuila ha caído sin disparar un tiro. Hace tres días, la división de Worth, con una fuerza de setecientos hombres, ingresó a esta ciudad de quince mil habitantes. Nunca se ha organizado una expedición de forma más improvisada o tonta que ésta. Saltillo está a sesenta millas de Monterrey, y el camino para llegar a la primera, pasa por uno de los desfiladeros más estrechos y complicados en el mundo.

El General Taylor nos acompañó con una escolta de doscientos dragones, aunque no conocía ni una sola milla de este camino, y sin tener conocimiento de si debía o no, combatir a un gigantesco ejército a su entrada. Tan pronto como ingresamos, nos encontramos con cinco mil hombres en las calles y en la Plaza, suficientes en número, como para habernos hecho regresar a escobazos.

La división de Worth siempre ha sido seleccionada para desempeñar todo aquello que tenga algún grado de dificultad, sea laborioso o peligroso para realizar, teniendo como consecuencia, que se ha ido debilitando como nieve que se derrite bajo los rayos del sol. Hace apenas dos meses, contaba entre sus filas con mil cien elementos, teniendo en la actualidad… ¡sólo setecientos! , encontrándose sus huesos desparramados desde Puerto Isabel hasta Saltillo. Una brigada de esta división (la brigada a la cual pertenezco), con tan sólo una fuerza de quinientos, hemos permanecido acampando en Cerralvo a tan sólo sesenta millas de un enemigo con doce mil elementos. Nos acostamos todas las noches esperando ser despertados por los llamados del clarín de guerra, o por nuestros cobrizos vecinos.

En este momento desconocemos en donde está Santa Anna, algunos creen que está en San Luís, otros en el camino a Monclova, y otros más muy cerca de nosotros. El General Taylor regresa a Monterrey mañana. Sobre lo que haya decidido hacer, eso nadie lo sabe, pero todos están convencidos de que se peleará otra batalla desesperada y que cuando esto suceda,  el peso recaerá sobre nuestra División. Y que si esto sucede pronto, tendremos que hacer de todo.

 Honestamente creo que nuestros setecientos hombres pueden derrotar a otros tantos mexicanos a campo abierto, y que no podrían avanzar sobre nosotros salvo que la diferencia fuera de uno a diez, sin embargo tal posibilidad estando bajo las órdenes de un liderazgo como el que ejerce Santa Anna, es un hecho a considerar como preocupante. ¿Pudo existir una mayor torpeza que liberar al enemigo jurado para dirigir a las muchedumbres armadas de México?

Muchos oficiales creen que el destino de nuestra división se encuentra sellado, y que pocos, muy pocos podrán ver de nuevo la tierra que los vió nacer, ni siquiera los más optimistas creen que la mitad logré algún día volver a cruzar el Río Grande en el camino de regreso. Como ejemplo de la alta mortandad, de la compañía original que salimos de Old Point, tres fueron muertos en batalla, tres murieron de enfermedad, varios han sido heridos, y siete u ocho se encuentran totalmente quebrantados de su salud y estado físico.

Y esto reflexionando que, aproximadamente dentro de diez días, tropas vendrán de Monterrey; que será cuando el general Worth espere de nuevo ser lanzado en un avance por anticipado. Apenas estarán los sobrevivientes de nuestra pequeña División pisando territorio de los Estados Unidos, cuando comenzarán a ser atacados por “Mister Black”, el honorable señor “M Black” y otros mentirosos sinvergüenzas, tildándolos de “inservibles, afeminados e ineficientes”. ¡Verdaderamente tenemos un futuro brillante frente a nosotros!

Sin embargo no estoy insatisfecho, y por lo que he podido escuchar de nuestro hogar, podría ser tan feliz aquí, como allá en los Estados Unidos. Pero es que rara vez recibo una carta, creo que he recibido si acaso tres de las dos Carolinas desde que llegué a México. Me gustaría haberte hecho un recuento de los modales y costumbres de esta gente, pero me di cuenta que desperdicié mis papeles en  asuntos sin valor. Las mujeres son más inteligentes que los hombres, son francas y de buen corazón, pero generalmente impuras. Algunas de ellas, son la cosa más hermosa que yo haya visto jamás. Los hombres, con muy pocas excepciones, son desconfiados, celosos, cobardes, malvados, afeminados y despreciables. Le estaremos haciendo un servicio a la humanidad, matando tantos como nos sea posible

Dile a “Mister Ross”, que no he sabido nada de él, y que de hecho de nadie más en Carolina del Sur, desde hace casi tres meses. Escríbeme pronto, dirigiéndote a la División del General Worth en Saltillo. Tu carta probablemente me llegué hasta que alcancemos San Luís Potosí. No permitas que los niños me olviden. Me gustaría poder verlos de nuevo. Dile a la “Señora Latta” que espero que le recuerde a mis buenos amigos, que los “Dones” aún no me han despojado de mi “cuero cabelludo”.

Mis saludos cordiales para todos aquellos que recurren a nuestra amistad para preguntar sobre mí.

Atentamente

D H Hill.

*Carta fechada en Saltillo, México. Noviembre 19 de 1846 y dirigida a Wm Latta Esqr, en Yorkville, Carolina del Sur.


 Para conocer más sobre la guerra México-Norteamericana en nuestra ciudad, consultar el Blog "La Batalla de Monterrey".de Pedro de Ampudia.